35 años sin Groucho

grouchoGroucho Marx fue un hombre de palabras. Trabajaba con ellas. Pocos como él han sabido usar el lenguaje como un arma eficaz para hacer reír al respetable y, con suerte, hacer un poco de crítica social, política o del vecino del quinto. Hay decenas, cientos de citas atribuibles a este neoyorquino, cuarto de seis hermanos, que nació bajo el nombre de Julius Henry Marx y que con el tiempo decidió rebautizarse como Groucho. Tenía «la intención de vivir para siempre, o morir en el intento». Obviamente y no habiéndose, que sepamos, descubierto la receta de la vida eterna, el bigotudo Groucho murió hace ahora 35 años dejando el mundo de la sátira un poco huérfano. Para recordarle en tan señalada fecha, ¿qué mejor manera que repasar lo que dijo?

Empezamos derrumbando un mito. Es mentira que en su lápida esté escrita la leyenda «perdonen que no me levante». Como bien dijo este genio del humor fallecido a los 87 años, «citadme diciendo que me han citado mal». Y a riesgo de cumplir con su deseo, repasamos algunas de sus citas más célebres, simpáticas y mordaces. Quizá no sean literales, todo depende de quien haga la traducción, pero lo que seguro que sí son es eficaces. Si leyéndolas no esbozas aunque sea una leve sonrisa, háztelo mirar.

Groucho era un genio de la improvisación y mordaz como pocos. «Es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente». En su caso, siempre era mejor hablar, porque podría ser cualquier cosa, pero de tonto no tenía un pelo. Con una frase retorcida era capaz de hacer pasar por idiota al más pintado. «No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo». Ahí queda eso. Lo suyo era machacar al oponente jugando al despiste y dejándole descolocado con un giro que, salvo que el contertulio fuese igual de hábil, tardaría en asimilar. Y es que intentar mantener un diálogo con él era una batalla perdida de antemano.

Frases rocambolescas, retorcidas y dichas a tanta velocidad que a veces era complicado entender a la primera qué demonios estaba intentado decir. Así, podía llamar tonto a la cara a alguien sin que este se diese cuenta a la primera. «Puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota». Sí, le había llamado idiota.

Las mujeres fueron en ocasiones blanco fácil de sus bromas, pero dentro de la elegancia, sin necesidad de recurrir al machismo o al insulto barato. Podía ser claro y directo en sus intenciones: «No piense mal de mí, señorita, mi interés por usted, es puramente sexual». Un cazafortunas con gracia: «¿No es usted la señorita Smith, hija del banquero multimillonario Smith? ¿No? Perdone, por un momento pensé que me había enamorado de usted». O un desmitificador de las frases de otros: «Detrás de un gran hombre hay una gran mujer y detrás de ésta su esposa».

Fuente de esta noticia: http://es.cine.yahoo.com/blogs/esmovies/35-a%C3%B1os-sin-groucho-marx-y-sus-citas-130350138.html

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